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Carta de Martín protagonista de Narciso

Antes de contar mi historia, necesito nombrar a quienes ya no están. A las víctimas de la masacre en la discoteca Pulse de Orlando. Sus nombres, sus cuerpos y sus vidas siguen resonando cada vez que el odio intenta justificarse.

Tenía 16 años cuando escuché esa noticia. Recuerdo el miedo instalándose en mi pecho, la rabia, la tristeza. No entendía cómo alguien podía matar por odio a lo que somos. Hoy, años después, esa herida vuelve a abrirse desde otro lugar: acabo de ser diagnosticado con VIH.

Desde entonces no dejo de pensar en cómo el miedo, la culpa y el rechazo hacia uno mismo pueden transformarse en violencia. En cómo el silencio, la desinformación y el odio nos atraviesan incluso dentro de la misma comunidad. He visto prácticas peligrosas, castigos simbólicos, deseos de herir como forma de venganza contra lo que no se acepta.

Narciso nace de ahí. No desde el morbo, sino desde la necesidad de mirar de frente esas heridas invisibles. Contar esta historia es mi forma de resistir al silencio, de transformar el miedo en palabra, y de recordar que la negación también mata.


 
 
 

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