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Carta de Hugo protagonista de Orfeo

El trauma no siempre se nota, pero se manifiesta en gestos cotidianos: miedo al contacto, dificultad para amar, necesidad constante de validación, silencios que no se explican. Alguien dijo una vez que el trauma deja un acento que nunca se borra del todo, y creo que es verdad. No como condena, sino como cicatriz: una huella que cuenta una historia.

Esta historia nace de esa comprensión y del miedo que se instala cuando la violencia aparece temprano. Cuando en la infancia se aprende que amar puede ser peligroso, que existir puede costar la vida. Ese miedo no siempre desaparece; se transmite, se hereda, se guarda en el cuerpo.

Por eso creo que esta historia debe contarse. Porque amar sigue siendo un acto de valentía. Porque recordar no es abrir heridas, sino honrar a quienes resistieron antes. Y porque el trauma no es el final, sino el inicio de una búsqueda: transformar el miedo en palabra y el silencio en una forma de decir aquí estoy.

 
 
 

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