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Carta de William protagonista de Casandra

Las personas que somos discriminadas por nuestra orientación sexual solemos buscar refugio en quienes comparten esa misma experiencia. Sin embargo, dentro de las propias comunidades diversas también se reproducen dinámicas de rechazo, jerarquías y violencias aprendidas. La forma de expresarse, el cuerpo, la pluma, la clase social o el ideal de masculinidad siguen marcando quién es deseado, respetado o excluido.

Estas tensiones atraviesan no solo la identidad, sino también las relaciones íntimas. Los roles sexuales, lejos de ser neutrales, funcionan muchas veces como jerarquías simbólicas que refuerzan el poder, el silencio y la culpa, especialmente cuando hay abuso. La violencia no termina en el acto: deja huellas emocionales profundas y fragmenta la manera en que habitamos nuestro cuerpo y nuestro deseo.

Este proyecto nace de hechos reales y de escuchar a la comunidad desde dentro. Contar estas historias es una forma de nombrar lo que duele, romper el silencio y cuestionar por qué, incluso en los espacios que deberían ser refugio, el deseo y la pertenencia siguen teniendo condiciones.

 
 
 

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